lunes, julio 5

La Joie de Vivre de Doña Blanca Vergara

Con “foie gras, ostras, un pato a la Tour D’argent y soufflé”, en plena Segunda Guerra Mundial, es recibido Don Tobías Barros cuando fue en búsqueda de dos distinguidas damas chilenas que se negaban a volver a la patria, a pesar del peligro de bombardeo.
Es que Doña Eugenia Huici y Doña Blanca Vergara, cuñadas y residentes de Biarritz, pensaban morir en la dorada Europa y no pisar más el provinciano suburbio del mundo que era Chile. Entre suplicas y risas, finalmente Don Tobías logra convencer a Doña Blanca de regresar a cuidar las plantas de su quinta, dejando a Eugenia Huici en su villa de Biarritz, con el mayor pesar, pero comprendiendo que la mecenas de Picasso poco o nada ya tenía que hacer en nuestro país.
Elegante, sofisticada y extremadamente alegre era Doña Blanca Vergara, dueña de ímpetu impresionante del que hizo muchas veces uso en su intensa y agitada vida, llena de lujosas anécdotas, pero también de gran dolor y sufrimiento; adversas situaciones que no impidieron que su Joie de Vivre la convirtieran en un icono de la Belle époque chilena.

En 1955, a los 89 años, casi ciega y con una fortuna bastante mermada, moría Blanca Vergara, en su fundo de Limache. Atrás había quedado su Quinta en Viña del Mar, sus lujosas recepciones, sus largas temporadas en Europa, y las penas ocasionadas por las desdichadas vidas de sus hijos. Junto con ella desaparecía toda una época, una familia y un estilo de vida.

Blanca Vergara Álvarez nació en 1866, hija menor del militar y rico comerciante José Francisco Vergara y Dolores Álvarez, quienes eran dueños de las Haciendas Las Siete Hermanas y Viña del Mar. Hijos del romanticismo, Doña Mercedes continuó la tarea de su abuela, Dolores Pérez, forestando y creando un hermoso jardín botánico en los alrededores de la afrancesada casa principal; mientras que José Francisco, inició el laborioso trabajo de urbanizar el fundo, loteándolo, construyendo una línea de ferrocarril que lo conectara con Santiago y creando un elegante balneario a la usanza europea, labor que continuaron sus hijos Blanca y Salvador.
Salvador Vergara heredó la parte norte de Viña del Mar, de espíritu más aventurero, edificó la Población Vergara y loteólos terrenos que dieron paso a grandes avenidas con espléndidos chalets. Pasó gran parte de su vida en Europa, donde luchó contra los moros en España, y volvió a Chile, siendo general del Ejército hasta su muerte en 1917. 

Por otro lado Blanca Vergara, tenía arraigada en su sangre la idea de castellana feudal, viviendo en la ciudad y  prestando especial esmero a su Quinta, en el centro de Viña del Mar, un enorme parque de 35 hectáreas, con árboles exóticos, senderos, quebradas y una espléndida residencia.
 Desde pequeña cultivó gran afición por la sociabilidad y las inquietudes intelectuales, una gran pasión por el arte y la belleza de las formas. Viajó a Paris, donde se casó con el rico industrial chileno Guillermo Errázuriz Urmeneta, con quien tuvo cinco hijos. Sus primeros años de matrimonio, los pasó entre Europa y el fundo de la familia Errázuriz en Panquehue, donde pasaba largas temporadas junto a la mujer de su hermano Salvador, Blanca Vicuña Subercaseaux, hija del Intendente Benjamín Vicuña Mackenna. Cuando viajaba a Paris o Londres, visitaba a su cuñada Eugenia Huici, quien le mostraba el intenso quehacer intelectual europeo, llevándola a los salones de moda, donde era gran anfitriona, y presentándole a grandes artistas de la pintura, la poesía, literatura y música. Su marido, hijo de un gran coleccionista, y ella, aficionada a la belleza, la hicieron adquirir notables obras de arte en Europa, cientos de pinturas y esculturas que llevaron a Viña del Mar para decorar los muros de la mansión, y los senderos del parque.

La vida de ensueño que llevaba terminó en 1895, cuando su esposo, recluido hace meses en su Hacienda de Lo Hermida, en Santiago; muere de tuberculosis. La desdichada viuda mantiene un sereno temple volcándose al cuidado de sus hijos, aun pequeños. Como si la viudez no fuera poco, su hijo Hugo, aficionado a los caballos, muere trágicamente cuando su pie se enreda con el estribo, siendo arrastrado varios metros. Tenía sólo once años.
Se acercaba el 1900 y la viuda de 30 años, reside en Viña del Mar. Su casa, de sólida y colonial arquitectura, y algo afrancesada por torres y balcones; era el epicentro de la sociedad del balneario, realizaba muy seguido encuentros musicales, tertulias y reuniones intelectuales, eventos que eran de gran comentario por la elegancia y pomposidad de las celebraciones. Es que Blanca Vergara, vivía y recibía un trato en la ciudad digno de un miembro de la realeza, y en Viña del Mar, ella y su familia era lo más parecido a eso.
Sin embargo, en 1906, la tierra se sacudió tormentosamente y sin distinciones sociales, de género o posición política, arrebató vidas y desplomó las viviendas de tantos hombres y mujeres que habían hecho de Viña del Mar, su hogar. Los Vergara no fueron excepción, y la enorme casa de la quinta, quedó totalmente destruida.
Los aires eclécticos y la tardía Belle Époque chilena estaba en pleno apogeo, el Centenario de la República creó un ambiente de euforia y gran optimismo. Destacados arquitectos extranjeros llegaron al país, construyendo suntuosos palacetes en todo Chile, especialmente en Santiago y el elegante balneario de Viña del Mar. Famoso es el fastuoso palacio de Fernando Rioja, el Castillo Ross y Edwards, la Mansión Riesco, el castillo Wulff y el Brunet, entre tantas construcciones. 


 
Blanca Vergara, gran amante de la belleza decorativa y el lujo, vio con pesar la destrucción de la casa que la vio nacer, pero como todo espíritu inquieto y alegre, recibió el terremoto, como la oportunidad de dotar a su preciada quinta de una mansión a la altura. Contrató los servicios del arquitecto italiano Ettore Petri y edificó una palaciega residencia de 3000 mts2, en un presuntuoso  estilo gótico veneciano, inspirado en el Palacio de los Dogos de Venecia.
Con mucho esmero y atención se preocupó de los detalles de su nueva casa, importando telas y maderas para los muros y el piso. Mármoles y granitos, esculturas y los nuevos adelantos de la tecnología, como un ascensor. Recorrió Europa aumentando su colección de arte, y comprando el mobiliario necesario para amoblar los delicados salones: El gran hall, de severo pavimento de mármol negro y blanco, enmaderado oscuro y grandes ventanas avitraladas. El salón de Baile, de muros dorados, grandes espejos venecianos, fino parquét y una sala superior para la orquesta. El Comedor, con muros enmaderados a media altura, y cubierto de finos gobelinos. La Biblioteca, enorme sala con libreros empotrados, un cielo abovedado con reminiscencias góticas, claraboyas y muros repletos de finas pinturas. El jardín de Invierno, con piso de mayólica italiana, el Salón de Caballeros, El Salón de Té, la Sala de Música, el Gran Salón con luz cenital; entre tantas otras estancias, sin olvidar mencionar el baño privado de Blanca, en un piso inferior, revestido completamente en mármol de carrara. El Parque fue reformado, creándose pérgolas y zonas de descanso,  nuevos senderos, un espectacular invernadero, y grandes terrazas, que incorporaban esculturas de mármol y fuentes de agua. “Y es que Doña Blanca creó, para satisfacción de su alma eternamente nueva y enamorada de todo lo bello, un ambiente propio, como una  emanación de sí misma; mitad pagano, mitad místico, donde siendo la reina, también sabía ser la compañera y amiga” 

Con su mansión recién construida, y la intensa sociabilidad que vivía la ciudad, Blanca Vergara retomó sus hábitos de anfitriona, organizando grandes corsos primaverales que partían desde su Quinta hacia la plaza, y regresaban, horas más tarde, para culminar en fastuosas celebraciones, donde agasajaba a sus invitados con interminables banquetes, música de orquesta y espectaculares bailes.
El entorno que había creado, fue escenario especial para un gran acontecimiento que jamás olvidaría, no por la felicidad que un matrimonio conlleva, si no por la tragedia de su término.
En 1910, el multimillonario Jack de Saulles, comprando caballos de polo en Chile, se enamoró de Blanca Elena Errázuriz Vergara, reconocida por su hermosura, encanto y atractivos modales. El matrimonio se concretó y Blanca Elena partió a Estados Unidos.
La suntuosa vida de Doña Blanca continuó sin mayores problemas, otro de sus hijos, Guillermo, se casó con la rica heredera María Edwards McClure, trasladándose a París.

En 1915, el matrimonio de Blanca Elena parecía llegar a un término. Había tenido un hijo con el señor De Saulles, pero las continuas infidelidades, afición al juego y el alcohol del americano, culminaron por colmar la paciencia de la otrora gran señorita de Viña del Mar.  A pesar del divorcio, Blanca Elena siguió viviendo en Estados Unidos, su marido tenía la tuición de su hijo, y frecuentaba los salones de moda, donde sus encantos hicieron caer a Rodolfo Valentino, que según cuentan, debió huir de Nueva York por las continuas amenazadas de De Saulles, llegando a Hollywood donde alcanzó el estrellato.
En 1917 la tensa relación del fracasado matrimonio tomó otro cariz, y una noche tras insultos y la imposibilidad de ver a su hijo, Blanca Elena empuñó un revolver y mató a De Saulles de cinco tiros.
Fue llevada a la cárcel inmediatamente, donde recibió un trato bastante especial, teniendo una celda cómoda, un piano para su entretención, comida especial y numerosas visitas. Es que la cárcel jamás había recibido como decía el Alcaide, a una señorita tan distinguida y hermosa.
En Viña del Mar la noticia causó gran conmoción y en Doña Blanca, una enorme pena y preocupación, su hija sería condenada a la silla eléctrica. Por algunos días, gracias a sus contactos y dinero, mantuvo la noticia en secreto; pero cuando ésta explotó, la sociedad entera se movilizó en un enorme cotilleo, y el asunto ocupó las portadas de los diarios de Chile y Estados Unidos, teniendo una cobertura especial.
Blanca Vergara, desesperada, recurrió al gobierno chileno para que el consulado actuara. Inmediatamente partió a Estados Unidos, donde contrató al mejor grupo de abogados. En un largo juicio, y en parte debido a que el caso fue usado por las feministas americanas como un asunto de opresión doméstica, Blanca Elena salió en libertad, volviendo a Chile. Su reclusión ocupó las portadas durante meses, e incluso se realizó una película muda llamada “The Woman and the law”, basada en el caso e interpretada por Miriam Cooper.


La vida de Doña Blanca volvió lentamente a la normalidad, junto a su nieto pasaba largas tardes en su Quinta, y muy pronto como gran mujer de su época, volvió a sonreír y retomar sus intensa vida social. Era asidua a recibir intelectuales en su palacio, como a los integrantes del grupo Los X. También a personalidades como el infante Fernando de Borbón, el Príncipe Eduardo VIII y el curioso pensador hindú Krishnamurti, que causó tan revuelo, que las personas se agolpaban en las ventanas del palacio pensando que el sólo ver la sombra del sabio, sanaría sus males.
Hacia fines de los años 20, Blanca Vergara vivía con su hija Amalia en su enorme quinta. Su hija Blanca Elena se había vuelto a casar, trasladándose a Paris. Otra de sus hijas, Manuela, guiada por el camino de Dios, ingresó a un convento, a pesar del gran dolor que le ocasionó a su madre.
Los años de la posguerra, y los avatares del salitre, causaron gran malestar económico en el país, y la familia Vergara de a poco comenzó a perder su patrimonio. Sin que eso fuera un impedimento, Blanca siguió con su lujoso tren de vida, trasladándose a Paris, donde vivió algunos años junto a su cuñada Eugenia Huici, volviendo a Chile en los años 40, sólo cuando el gobierno chileno envió a Don Tobías Barros a buscarla especialmente, por el peligro de la Guerra europea.
A su regreso, cansada y con su fortuna mermada, decide junto a su hija liquidar su querida Quinta de Viña del Mar. Su vida de a poco se había tornado en un gran sufrimiento: Blanca Elena, por quien tanto había luchado, moría extrañamente en Con Con, producto de un abuso en los medicamentos para dormir. Su nieto, hijo de Blanca Elena, moría poco después de un ataque al corazón mientras jugaba golf. Otro de sus hijos, Guillermo, se había suicidado años antes en Paris, por los continuos conflictos con el juego y numerosas amantes.
Recluida en su Fundo de Limache, enferma y casi ciega, se mantuvo alegre junto a su hija Amalia. Conversaba largos ratos y se escribía con su pariente Matías Errázuriz, quien a pesar de tener un espléndido palacio en Buenos Aires (hoy Museo de Artes decorativas de Bs As), se había recluido en Zapallar melancólicamente tras la muerte de su esposa Josefina Alvear. “sólo después de los ochenta me he venido a dar cuenta de tanta cosa maravillosa y hermosa en mi vida”... “estamos los dos en plena y clara vejez física, que no nos permite hacer ni decir lo que deseamos”, lo cual es una crueldad para dos charladores sociales”. Cuando su cuñada Eugenia Huici volvió a Chile a regañadientes en un avión, se sintió complacida y pasaba largas horas hablando por teléfono con ella de los viejos tiempos.
Estos tres iconos de la Belle Époque chilena fueron desapareciendo poco a poco, Doña Eugenia en 1951 y Don Matías en 1953, con ellos se extinguía toda una generación, cosmopolita, amante del lujo y el arte, alegres y sofisticados, tiempos que terminaron con la muerte de Blanca Vergara en 1955. Sin embargo su legado de belleza y gran cultura, permanece casi intacto, entre los centenarios árboles, piletas y muros de su espléndida Quinta Vergara. 
                                        Mario Rojas Torrejón
                                             Fernando Imas Brügmann 

Créditos y bibliografía documental en proceso.

4 comentarios:

Veronica dijo...

muy interesante, excelente forma de conocer la belle epoque de Chile.

Anónimo dijo...

qué buen artículo!!! me encantó!!! lograron trasladarme a esos alocados y pretenciosos años, y humanizar una figura q me parecía bastante plana... esto de no saber... jajaja... se agradece....

Mario Rojas Torrejón dijo...

jajjaa.. si, humanizar es la idea.
Muchas gracias por tu comentario.

Karin Wachtendorff dijo...

Preciosa e interesante historia. Me ha encantado!!!